SOBRE LOS BRITÁNICOS Y OTRAS TRIBUS

En eniño leyendol apartado OPINIÓN, en la página 8 del Diario EL Mundo de hoy, 19 de julio, bajo la firma de Jose María Michavila y Daniel de Fernando, aparece un artículo que merece la pena. De él recojo un fragmento que espero no incumpla las normas, porque me parece de vital importancia en los tiempos que corren:

Levantar un muro frente a la inmigración ha sido el primer argumento de quienes han votado salirse de la UE. Yo vivo bien, quiero estar solo no vaya a ser que otros quieran comer de mi sopa. Este argumento egoísta no ha cuajado en los jóvenes. Pero sí ha llevado a las urnas a la generación adulta, la más egoísta de la historia. El egoísmo de mejor me guardo mi prosperidad para mí sólo ha triunfado en las urnas. Ese letal virus
acaba dañando a quien lo padece, como no han tardado en comprobar todos los británicos que se han empobrecido de golpe y en 24 horas al menos un 14%. 

La misma curiosa enfermedad está bien arraigada en un sector de votantes de nuestra España. La ausencia de liderazgo político se camufla con el populismo de decirle al pueblo que decida en referéndum. Los políticos abdican de sus responsabilidades y las endosan al votante. El populismo y la manipulación colectiva de sentimientos de agravio sostienen a los líderes que lo estimulan. Y algunos de los que más tienen no están dispuestos a compartir, se apela a su egoísmo y su resorte responde de inmediato y a veces con vehemencia. Se trata de preservar su bienestar. Nada de compartir con los que menos tienen. 

Ojalá la lección del castigo al egoísmo que está recibiendo y va a seguir recibiendo el pueblo inglés, y los políticos que lo han practicado, nos ayude en España a superar esa dañina enfermedad y nos lleve a buscar una solución distinta a la de romper con proyectos compartidos. Eso no significa ignorar que hay males ciertos que causan tales virus. Pero sí de que los profesionales de la política hagan su trabajo y encuentren soluciones menos letales a esos padecimientos sociales. Soluciones que pasan por poner el interés general por encima del de cada partido. Y por encontrar espacios de acuerdo y de proyecto compartido desde el diálogo y en el lugar donde esto se fragua en democracia que es el parlamento. Pasar la pelota al ciudadano para que en un día responda con un sí o un no a cuestiones cada vez más complejas es un cobarde egoísmo, un camuflaje de la falta de liderazgo democrático del que bien sabemos cómo han abusado las dictaduras. 

Sumar, unir, convocar a esfuerzos compartidos es la mejor receta para salir de las dificultades. Ese es precisamente el trabajo de quienes lideran. Y quizás la mejor lección que el Brexit nos ha dado
.

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