Antonio Machado

Hoy, 22 de febrero, es el aniversario de la muerte, en el exilio, de A. Machado. Es una fecha difícil de olvidar para alguien que estudió en el Instituto en el que Machado impartió sus clases de Francés, que copió sus paseos, que subió muchas veces al Espino y se sentó en la tapia en torno al “Viejo Olmo”, que vió el Moncayo “azul y blanco” y se sabe el recorrido de la “curva de ballesta en torno a Soria” que hace el Duero.

Cada 22 de febrero he dejado constancia de la fecha con palabras de A. Machado. Hoy lo hago con las palabras de un poema titulado: Campo, que cobra,así un valor especial, al menos para mí.

La tarde está muriendo A. Machado
como un hogar humilde que se apaga. 

Allá, sobre los montes, 
quedan algunas brasas. 

Y ese árbol roto en el camino blanco 
hace llorar de lástima. 

¡Dos ramas en el tronco herido, y una 
hoja marchita y negra en cada rama! 

¿Lloras?… Entre los álamos de oro, 
lejos, la sombra del amor te aguarda.

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