LOS FANÁTICOS

informacionAyer hablaba de “gurús”, “agoreros” y “anestesiados”. Hay en todos ellos un cierto fanatismo, esto es,  se da en ellos una defensa apasionada y ciega de sus creencias, de sus opiniones, cuando no de sus ideologías, lo que les hace exponer con radicalidad y exclusión sus “principios”.

Entiendo que los fanáticos ,en cualquiera de sus modalidades, son persones que se inhabilitan a sí mismas para pensar, para tener opiniones, etc., en la medida en que su expresar es automático o responde a “prejuicios” ya elaborados y que repiten con cierto automatismo.

Creo que, para nuestro mal, esta forma de enfrentarse al saber, a la vida o a los hechos se está convirtiendo en un hecho colectivo, de la mano de los medios de comunicación, de la falta de referentes culturales, de la carencia de principios, de la “flojera” (permítase la expresión) ciudadana en la defensa de valores, de la falta de ideologías en el sentido estricto del término.

De este modo asistimos, al menos esa es mi visión, a una “ensalada” ideológica, conceptual, política y de opinión difícil de desentrañar. Y lo malo es que esa mezcla se da en muchos niveles de la vida: representantes, opinión publicada, pseudo-intelectuales, incluso en la valoración que se hace de regímenes (pienso ahora en cómo se enjuician los estados confesionales) o en autores, solo por el hecho de ser tachados de tal o cual posición. No se respeta nada ni a nadie, ni ciencia ni creencias. Nada se escapa a esta radicalidad, que se manifiesta, sobre todo, en la falta de respeto con que se tratan ideas, personas, teorías o posiciones.

Aparte, ciertas derivas fanáticas se ven amparadas por el poder (del tipo que sea: ideológico, religioso, económico, etc.), lo que hace pensar que corremos el riesgo de que ese fanatismo se convierta en delirio (algunos comportamientos recientes nos lo muestran ya, como ciertas intervenciones en nuestras Cámaras de representantes).

Mal vamos a reconstruir la sociedad, la educación, el poder político, la representación sindical, la convivencia, et., con estas posturas que se amparan desde intereses espúrios cuando no de cabezas más proclives a embestir que a pensar.

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