De “gurús” y demás “fauna”

se-tu-el-cambioHe recalado en una entrada de Beatriz García (@beagarca) y he recogido su reflexión sobre “El mundo está lleno de “gurupollas” pero también de gurús gilipollas (Para ser un auténtico gurú, no basta solo con demostrarlo sino que también hace falta cumplir dos premisas; ni ser egocentrista ni gilipollas). : http://www.puromarketing.com/42/15273/mundo-esta-lleno-gurupollas-pero-tambien-gurus-gilipollas.html

A través de sus referencias he acudido también al artículo que sirve de pié a Beatriz: “¿Gurú de qué? Yo más bien diría “gurupollas” , http://www.elconfidencial.com/tecnologia/blogs/blog-alejandro-suarez/2013/02/13/guru-de-que-yo-mas-bien-diria-gurupollas-4232/

Ambos me han llamado la atención. Añadiría que en las redes están estos vendedores de humo junto con los agoreros. A todos ellos habría que añadir el grupo de “anestesiados”, pero no quiero alargar mucho la taxonomía.

Sobre los primeros, los “gurús”, los pretendidos “padres/madres espirituales” de tal o cual idea o proyecto, sin más referente que el momento o la oportunidad, no voy a hablar. Remito a esas entradas.

Decía que junto a estos animosos diseñadores de caminos que parece que vislumbren el futuro a cada instante, están aquellos otros que no ven más salida que algo así como el suicidio de las ideas y no porque no expresen las suyas, sino porque todas las demás les parecen desastrosas. Nada tiene solución para ellos y todo porque nadie, excepto ellos, claro (y en eso se parecen a los gurús) se han dado cuenta de que ningún camino puede llevarnos donde ellos quisieran (aunque nunca digan dónde queda ese lugar al que habría que llegar). Todo tiene un “pero” para estos “agoreros”, a todo le falta “algo” esencial, todo está mal “expuesto”, mal “enfocado”, mal “diseñado” o…., mal, simplemente mal.

Luego está el grupo que espera que todo lo arreglen los demás. Reconocen que hay cosas que no están bien, pero a la vez hacen bandera de no tener que hacer nada, porque son otros los encargados de solucionar lo que sea. No les hace mella ni lo bueno ni lo malo (de ahí que les haya denominado “anestesiados”, aunque se les podría denominar de más maneras). Se les distingue porque son capaces de apoyar una idea y la contraria sin solución de continuidad.

En todo caso, todos ellos producen demasiado “ruido” en la comunicación y solo aportan más maraña al ya suficientemente enmarañado mundo en el que vivimos. Necesitamos criterio y saber apartar las ideas de las simples palabras encadenadas.

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