LA HONESTIDAD

HONESTIDAD

honestidadHay términos o conceptos que, por sabidos o porque creemos que forman parte del acerbo cultural común, no explicitamos y damos por supuesto que todas las personas los entienden en el mismo sentido. Olvidamos que en las concepciones personales no hay nada unívoco ni universal (en su interpretación) por más que defendamos o prediquemos lo contrario.

Viene esto a cuento de una entrada de la que me hice eco ayer sobre EL PLAGIO Y LA HONESTIDAD ACADÉMICA  (http://ci2.es/objetos-de-aprendizaje/tutorial-de-plagio), que nos ha llegado desde Sidney a través de la CRUE.

Esa entrada me hizo reflexionar sobre el SENTIDO COMÚN (como puede verse en la entrada anterior de este mismo Blog) y me hace hoy  volver sobre la misma HONESTIDAD.

El tema de la “copia” en el mundo académico está tan extendida que no merece la pena aumentar la literatura al respecto. Todo el mundo sabe lo que es y lo fácil que se ha convertido ese hecho contando con los medios tecnológicos.

Es difícil no optar por la comodidad de COPIAR teniendo todo tan a mano. De ahí que tengamos que apelar a la HONESTIDAD como medio para que la lectura, el aprendizaje y su expresión sigan las normas que son de recibo en estos casos.

No tendría que ser necesario que existieran normas, ni de derechos de autor ni de la SGAE ni de nadie, entre otras cosas porque, como enunciara Séneca (2 AC- 65 DC) “Lo que las leyes no prohíben, puede prohibirlo la honestidad”.

Nuestros diccionarios nos dicen que  “honestidad” es la cualidad de “honesto”, esto es, de la decencia, el decoro, el recato, el pudor, la justicia,… Vendría a ser, según las mismas fuentes, “una cualidad humana que consiste en comportarse y expresarse con SINCERIDAD y COHERENCIA, respetando los valores de JUSTICIA Y VERDAD”. (Real Academia Española –RAE-)

Vamos, actuar por encima de los propios deseos e intereses, cosa harto difícil en estos tiempos, a lo que parece.

Y digo eso porque pareciera que hoy lo que vale es el resultado, hasta el punto de que los medios carecen de valor, en la medida en que el resultado los justificaría, en contra de la expresión de ese principio (el fin no justifica los medios).

Hoy todos opinamos de todo y pareciera que sabemos de todo (como tantos tertulianos en los medios audiovisuales, a los que lo mismo les da 8 que ochenta y que se consideran expertos en ambos extremos). Y no solo eso, no solo decimos saber y no solo opinamos, sino que JUZGAMOS TODO, intentando hacer prevalecer nuestra opinión por encima de cualquier razón.

El descaro, la poca vergüenza, la pura palabra, el encubrimiento… se han convertido en valor, relegando la VERDAD, que, a fin de cuentas, es la base sobre la que se asientan las relaciones humanas serias, esas que toman en consideración la confianza, la armonía, la credibilidad, etc.

Y  eso se ha instalado en todas las esferas, también en la intelectual. De ahí que preocupe tanto el plagio, por ejemplo o que ya nadie se fíe de lo que se escribe o se dice.

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