EL LABERINTO DE LA VIDA

Vivo entre dos fechas con un claro significado para mi. Tanto da ahora explicarlo, aunque sea ese hecho el impulso de estas palabras.

Acabo de repasar la prensa (electrónica) y visto, de nuevo, el laberinto de aconteceres e interpretaciones en medio del cual vivimos. Creo que el lío es provocado, porque es la manera de dejarnos sin opinión a fuerza de darnos datos contradictorios. He visto también nuevas muestras de esa intolerancia militante tan nuestra, tan ibérica, tan anclada, a la que tanto da que la aportes datos, interpretaciones o razonamientos…, tan egoísta, tan cainita…

Y no crea nadie que hay que profundizar mucho en cuestiones teológicas (que no está el clima para eso), vale con echar un vistazo a lo que ahora se llama “movimiento laico” y antes “15-M2 y antes “indignados” y su confrontación con esas siglas que tanto me costó a mi descifrar: JMJ (Jornada Mundial de la Juventud).

He visto también cómo, después de tres días de confrontación entre judíos y palestinos hay llamamientos de todo tipo y condenas cada cual más altisonante, mientras esas mismas voces ha estado mudas ante la “vendetta” de Al Assad.

Lo digo más que nada para situar polos de ese laberinto que decía, por más que sean muestras externas, mientras que el laberinto que más me angustia es interior.

Y he visto cómo, compañeros y conocidos, tan cuidadosos ellos con sus “temas”, no establecen ni un solo criterio de análisis (de esos que ellos exigen) a la hora de expresar su opinión ideológica (por cierto, muy próxima a la contemporización y no a su “fondo” (al fondo con el que plantean el resto de visiones).

Soy comprensivo y suelo sonreír ante hechos así. ¿Para qué entrar en polémicas si el tiempo se encarga de apagarlas?

Por otra parte y este era el motivo de esta entrada, soy consciente de que la vida (nuestro transitar a lomos del tiempo por escenarios diversos) está lleno de tomas de postura y de toma de decisiones, con más o menos calado o importancia, con más o menos proyección personal y vital. Pero no lo era de que llega un momento en que todas están ya tomadas, que no queda más que transitar por un camino marcado, pero un camino oscuro, sin muchas señales ( y las que hay, es preciso interpretarlas), un camino sin fin y sin retorno.

En ese momento, en el momento en que uno comienza a transitar por ese camino, no quedan más que dos armas: el recuerdo y la esperanza. No hay más. Y todo lo demás… o se relativiza a extremos no sospechados o simplemente desaparece, engullido por la sima de la “nada”. Nos convertimos en elementos “vacíos”…, angustiados por la falta de referentes y de manos para apoyarnos…. Y esperamos, sólo esperamos… , incluso contra toda esperanza.

Vivo, decía, entre dos fechas que marcan el recorrer mi tiempo y el contenido de ese recorrido y desde aquí… el laberinto que forman las decisiones se ve de otra manera… es como si, de repente, se estirara y dejara de ser lo que era (un dédalo) para ser… la entrada a otro…sin luz y sin premio.

El laberinto, al final, lo hacemos cada cual con nuestras contradicciones.

El mío está marcado por el título de este blog: HETEROTROPÍA: ENTRE UTOPÍA Y EUTOPÍA.

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