DE INDIGNADOS, ENFADADOS Y CABREADOS

Todo el movimiento que se esconde tras eso que la prensa, tan hábil ella, ha dado en llamar movimiento 15-M, esconde variables no tan evidentes como las que se nos quieren mostrar.

Efectivamente esa manifestación (se llame como se llame) responde al enfado de la sociedad sobre cómo los responsables políticos están llevando las cosas “publicas” (muchas veces a sus intereses particulares o partidistas) y a cómo se está resintiendo esa sociedad (en su más amplio sentido) de una crisis que ella no ha provocado, pero que paga… Esa manifestación esconde también otras “enfermedades sociales”, ahora más evidentes: pobrezas, exclusión social., problemas de integración de inmigrantes y minorías, incluso delincuencia y desacuerdo juvenil.

No deja de ser curioso (o quizá no lo sea en este mundo tan globalizado) que sean manifestaciones que, con diferentes “mechas” haya prendido por igual en todos las geografías desde que se iniciaran en Túnez. De allí han pasado por Argelia, Marruecos, Libia, Egipto, Siria, España, Inglaterra,… y continuarán, estoy seguro, sin que se acallen las voces ya lanzadas, en otros lugares: Francia, Italia, Alemania…. Al tiempo.

Es cierto que en todos los lugares nace este movimiento con un espíritu conciliador e intelectual, en búsqueda de cierto regeneracionismo: participación, transparencia, democracia “real”, ética en la política,…  También es cierto que, inmediatamente después de nacer, como si de romper un dique se tratara,  recoge este movimiento otros más larvados: okupas, antisistema, minorías de todo tipo… y la intervención de políticas “tradicionales” para pescar en río revuelto.

Parte de la sociedad se asusta, pero no lo ha hecho cuando ha ido comprobando, por ejemplo, cómo la violencia alrededor del fútbol ha creado todo un entramado bien asentado ya en los ámbitos juveniles y no tan juveniles (es más, hasta la camiseta deportiva se ha convertido ante nuestros ojos en una prenda más de la vestimenta y un grito de provocación) o cómo cada fin de semana, alrededor de los lugares de ocio (o lo que sea) juvenil hay peleas, navajazos, muertes… incluso asaltos a cuarteles de la policía (también en España) o cómo las vacaciones y los viajes juveniles se han ido convirtiendo en “hago lo que me da la gana”: alcohol, droga, sexo y … juegos peligrosos.

Vamos, que hemos tenido, vamos teniendo, señales de que hay descontento. Pero parece que nadie quiere entrar en ver qué hay detrás. Nadie quiere ver las condiciones de vida y futuro de esos jóvenes.

Es cierto que detrás de esos comportamientos que acompañan a este movimiento, como le venimos llamando, no hay una sola explicación, sino muchas, por más que ninguna de ellas ni todas a la vez puedan justificar acciones como las que se han vivido en algunas (tres) ciudades de Inglaterra (que no UK, como anota la prensa de las Islas Británicas, sabias como son en poner en los demás todo aquello que no les gusta).

Hemos anotado que detrás de todo esta está fundamentalmente la falta de futuro, la desesperanza, el vacío, que derivan de la pobreza de muchos sectores, la exclusión social, las dificultades de la población inmigrante, las relaciones entre el poder y algunas capas sociales…También habría que anotar aquí algunas consecuencias del estado de bienestar: parte de una generación ha vivido de las subvenciones… sin más perspectiva que seguir la rueda, pues ni la educación ni el trabajo han sido lo que tenían que ser para paliar esa situación.

Añádase el desamparo de vida de los jóvenes (de muchos jóvenes) que provienen de familias monoparentales, el consumismo atroz en el que vivimos, el papel que está teniendo el mundo del as Nuevas Tecnologías y las Redes Sociales…

Este movimiento no es algo criminal o fuera de la ley o la norma. Es una manifestación de una enfermedad social: hay desencanto, hay falta de valores, hay una vida sin normas, se ha vivido en el todo es posible y cada uno puede hacer lo que quiera, se ha vivido sin referentes (si siquiera parentales)..

Es un comportamiento de masas, es cierto, pero un comportamiento que hay que entender, explicar y tratar, no solo cualificar.

Hemos de dejar de vivir como si a nadie le importara nada

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2 comentarios en “DE INDIGNADOS, ENFADADOS Y CABREADOS

  1. Monoparentalidad y desamparo no tienen por qué estar asociados per sé, por más que parar algunos las personas separas puedan ser vistas como “un despojo”.

    1. Efectivamente. Ninguna de esas dos variables, “per se”, dicen nada respecto a los problemas sociales, pero, lamentablemente parecen relacionarse con otras… que sí que favorecen esos problemas. Los estudios al respecto muestras correlaciones altas en ese sentido (nos guste o no, sea ese nuestro parecer o no), por más que ninguna pueda justificar jamás que las personas que por si mismas (esto es, solas) atienden a sus hijos sean “despojos” de nada. En algunos casos son “héroes” sociales, si se me permite la expresión.

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