LA COMUNICACIÓN

Comunicar es poner al alcance otro lo que uno tiene. También es descubrir, manifestar, conversar, pero sobre todo es transmitir, establecer un nexo. Para algunos es “interacción”, aunque, en general usamos el término para referirnos al intercambio de información.

Los seres humanos hacemos todo eso (descubrir a los demás, manifestar, conversar… transmitir, interactuar, intercambiar información) de muchas maneras, explícitas unas, latentes otras y ocultas algunas… sin que, por mucho esfuerzo que pongamos logremos comunicar todo lo que queremos ni tampoco ocultar aquello que no deseamos poner al alcance del otro.

Y eso que pareciera que cada uno de nosotros elegimos lo que decir, que lo pensamos, que somos conscientes del viejo dicho que defiende que “cada uno es dueño de lo que calla y esclavo de lo que dice”. Pero lo normal es que, las más de las veces, no somos dueños, no dominamos lo que decimos y sólo alcanzamos a expresar “un poco” de lo que queremos exponer.


Solemos decir más de lo que creemos haber dicho y menos de los pensamos decir. Tenemos dificultades con poner en palabras el pensamiento, de exponerlo de un modo claro y univoco al receptor de nuestros actos de comunicación, nos cuesta también dar la forma adecuada al pensamiento, puesto que ese pensamiento se compone de imágenes, emociones, sensaciones…., difíciles de explicitar. El resultado es que, aunque nos parezca paradójico, explicar lo que queremos nos resulta muy problemático.

Pero a la vez, como apuntábamos antes, también decimos más de lo que creemos haber dicho, de lo que pensábamos decir y eso es así porque no sólo transmitimos significados del pensamiento expreso con las palabras, también lo hacemos con otros componentes de la expresión, como nuestro tono, nuestro particular énfasis o entonación, con nuestra entonación, son nuestros silencios incluso, con nuestro ritmo…, también con nuestros gestos, tanto de la cara como de cada una de las partes de nuestro cuerpo.

Hay estudios (los hay para casi todo) que defienden que la comunicación no lingüística es la parte más importante de nuestra comunicación, hasta el punto de que el 60% de nuestras comunicaciones está constituido por elementos no verbales. (Así lo expresa, por ejemplo, Roger E. Axtell, en su obra Gestos, Editorial Iberia, S.A. Barcelona 1993)

El caso es que también nos expresamos con el cuerpo, a través de signos físicos de todo tipo, aunque no sea fácil establecer patrones de comunicación, pero parece claro que no hay comunicación a través de la que no se diga más de lo que parece o de lo que realmente quiere decirse. El problema o la suerte es que es difícil percibir todo, porque los seres humanos tendemos a percibir impresión globales, centradas en la audición, normalmente, por más que en la vida cotidiana sí que podríamos establecer alternativas mímicas asociadas a la comunicación a través de los gestos que se repiten y se combinan continuamente.

Se supone que ser un buen interpretador de mensajes va asociado a ser un buen comunicador, como parece lógico, aunque ser lo uno y lo otro requiere de algunas habilidades y de cuestiones no exentas de esfuerzo, como motivación, actitud, conocimiento y experiencia, pero es algo que se puede aprender.
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