No puedo resistirme

La lengua viva

La jerga del politiqués sigue siendo muy divertida

Amando de Miguel


Don Miguel Ángel interpreta el abuso de los eufemismos del politiqués con la tendencia al totalitarismo, tal como señaló Orwell. Por ejemplo, “ajuste tributario” para no tener que decir “subida de impuestos” y no digamos “confiscación”.

Héctor Gil Ferreras me pide que confirme la opinión sobre lo que yo llamo “politiqués” como la forma de hablar de la gente refinada o acomodada. No es exactamente así. El “politiqués” es una forma de hablar de los políticos y otros hombres públicos, los que poseen menos lecturas y los que se dejan llevar por las modas.

Agustín Fuentes me regala un correo todos los días sobre cuestiones de política doméstica que muchas veces desbordan el objeto de esta seccioncilla, pero que siempre son ilustrativas. Ahora se pregunta cómo es que empleo yo aquí lo del “politiqués” para designar la jerigonza de los políticos, algunos de ellos y de otras personas que giran a su alrededor. No es una construcción de “política que es”, como sugiere don Agustín. El terminacho es una pura ironía. Lo he venido empleando durante años y cada vez me resulta más útil para calificar irónicamente una forma de hablar de los hombres púbicos (y de las mujeres, claro está). La palabreja se incorpora porque hay bastantes idiomas que se designan con esa misma terminación en <-és>: francés, inglés, portugués, japonés, holandés, danés, finés, albanés, etc. Frente a esa constancia, no hay casos de idiomas destacados que terminen en <-ol>, como el: “español”. La ironía está en que el politiqués no es realmente un idioma sino una especie de jerga, un modo particular de introducir palabras altisonantes que tienen muchos políticos españoles.

A propósito del diccionario del politiqués, don Agustín me provee de una bonita colección de expresiones que manejan con soltura los hombres públicos:

  • No herir sensibilidades.
  • Sensibilidades políticas.
  • Es lo que toca.
  • Ir por el buen camino.
  • Salir en la foto.
  • Ver la luz.
  • Pasar página.
  • Faltar a la verdad.
  • Disciplina de voto.
  • Espacios.
  • Hacer guiños.

Obsérvese que esa retahíla de sintagmas van en la dirección de una cierta disposición de componenda, de ir tirando; o de modo más positivo, de una actitud pragmática.

Vittorio Mascarpone comenta que la cursilería no solo ha penetrado en el lenguaje político o periodístico sino en el culinario. “Antes se cocía, se freía, se asaba y, a lo sumo se adobaba o se hacía un sofrito. Hoy pochamos, caramelizamos y hasta se esferifica y deconstruye”. El aceite era antes aceite sin más. Hoy es “aceite de oliva virgen extra de primera prensada en frío”. Bien observado.

Miguel Ángel Toledo (Isla de la Palma, Canarias) añade algunos términos de la jerga del politiqués. Por ejemplo, “tolerancia cero” en lugar de decir sencillamente “intolerancia”. Don Miguel Ángel interpreta el abuso de los eufemismos del politiqués con la tendencia al totalitarismo, tal como señaló Orwell. Espero que los libertarios me envíen más ilustraciones de esa teoría. Por ejemplo, “ajuste tributario” para no tener que decir “subida de impuestos” y no digamos “confiscación”.

La receta es muy conocida, pero no estará mal recordarla. La envía Manex. Se trata de cómo construir un discurso político para no decir nada de sustancia y así no comprometerse. Es un comentario muy viejo pero no está mal recordarlo. Basta empezar con una frase cualquiera de la columna I, seguida otra de la columna II, a continuación otra de la columna III y por fin otra de la columna IV. Queda así una oración muy sonora. Estas son las columnas:

I

II

III

IV

Queridos compañeros

la realización de las premisas del programa

nos obliga a un exhaustivo análisis

de las condiciones financieras y administrativas existentes.

Por otra parte, y dados los condicionamientos actuales

la complejidad de los estudios de los dirigentes

cumple un rol esencial en la formación

de las directivas de desarrollo para el futuro.

Asimismo,

el aumento constante, en cantidad y en extensión, de nuestra actividad

exige la precisión y la determinación

del sistema de participación general.

Sin embargo no hemos de olvidar que

la estructura actual de la organización

ayuda a la preparación y a la realización

de las actitudes de los miembros hacia sus deberes ineludibles.

De igual manera,

el nuevo modelo de actividad de la organización,

garantiza la participación de un grupo importante en la formación

de las nuevas proposiciones.

La práctica de la vida cotidiana prueba que,

el desarrollo continuo de distintas formas de actividad

cumple deberes importantes en la determinación

de las direcciones educativas en el sentido del progreso.

No es indispensable argumentar el peso y la significación de estos problemas ya que,

nuestra actividad de información y propaganda

facilita la creación

del sistema de formación de cuadros que corresponda a las necesidades.

Las experiencias ricas y diversas muestran que,

el reforzamiento y desarrollo de las estructuras

obstaculiza la apreciación de la importancia

de las condiciones de las actividades apropiadas.

El afán de organización, pero sobre todo

la consulta con los numerosos militantes

ofrece un ensayo interesante de verificación

del modelo de desarrollo.

Los superiores principios ideológicos, condicionan que

el inicio de la acción general de formación de las actitudes

implica el proceso de reestructuración y modernización

de las formas de acción.

Incluso, bien pudiéramos atrevernos a sugerir que

un relanzamiento específico de todos los sectores implicados

habrá de significar un auténtico y eficaz punto de partida

de las básicas premisas adoptadas.

Es obvio señalar que,

la superación de experiencias periclitadas

permite en todo caso explicitar las razones fundamentales

de toda una casuística de amplio espectro.

Pero pecaríamos de insinceros si soslayásemos que,

una aplicación indiscriminada de los factores confluyentes

asegura, en todo caso, un proceso muy sensible de inversión

de los elementos generadores.

Y además, quedaríamos inmersos en la más abyecta de las estulticias si no fuéramos conscientes de que,

la condición sine qua non rectora del proceso

radica en una elaboración cuidadosa y sistemática de las estrategias adecuadas

para configurar una interface amigable y coadyuvante a la reingeniería del sistema.

Por último, y como definitivo elemento esclarecedor, cabe añadir que,

el proceso consensuado de unas y otras aplicaciones concurrentes

deriva de una indirecta incidencia superadora

de toda una serie de criterios ideológicamente sistematizados en un frente común de actuación regeneradora.

© Libertad Digital SA Juan Esplandiu 13 – 28007 Madrid

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