Para Profesores

Una vieja anécdota para profesores.

Es una anécdota que hace tiempo que circula por ahí. La oí por vez primera en Argentina, luego de labios del profesor de Málaga Miguel-Ángel Santos Guerra y ahora veo que circula por internet. Debido a ello me he atrevido a hacerla pública a través de este Blog… como recuerdo a esas situaciones en las que fui oyente de la misma y también de la persona que me la ha hecho llegar.

Hace años, un inspector visitó una escuela primaria. En su recorrido observó algo que le llamó poderosamente la atención, una maestra estaba atrincherada detrás de su escritorio, los alumnos estaban en gran desorden; el cuadro era caótico.
Decidió presentarse:
– Permiso, soy el inspector de turno…¿algún problema?
– Estoy abrumada señor, no se qué hacer con estos chicos… No tengo láminas, el Ministerio no me manda material didáctico, no tengo nada nuevo que mostrarles ni qué decirles…
El inspector, que era un docente de alma, vió un corcho en el desordenado escritorio. Lo tomó y con aplomo se dirigió a los chicos:
– ¿Qué es esto?
– Un corcho señor… -gritaron los alumnos sorprendidos.
– Bien, ¿De dónde sale el corcho?
– De la botella señor. Lo coloca una máquina.., del alcornoque, de un árbol…. de la madera…, – respondían animosos los niños.
– ¿Y qué se puede hacer con madera?, -continuaba entusiasta el docente-.
– Sillas…, una mesa…, un barco…
– Bien, tenemos un barco. ¿Quién lo dibuja? ¿Quién hace un mapa en el pizarrón y coloca el puerto más cercano para nuestro barquito? Escriban a qué provincia pertenece. ¿Y cuál es el otro puerto más cercano?¿A qué país corresponde? ¿Qué poeta conocen que naciera allí? ¿Qué produce esta región? ¿Alguien recuerda una canción de este lugar?
Y comenzó una tarea de geografía, de historia, de música, economía, literatura, religión, etc.
La maestra quedó impresionada. Al terminar la clase le dijo conmovida:
– Señor, nunca olvidaré lo que me enseñó hoy. Muchas Gracias.

Pasó el tiempo. El inspector volvió a la escuela y buscó a la maestra.
Estaba acurrucada atrás de su escritorio, los alumnos otra vez en total desorden…
– Señorita…¿Qué pasó? ¿No se acuerda de mí?
– Sí señor, ¡cómo olvidarme! Qué suerte que regresó. No encuentro el corcho.
¿Dónde lo dejó?


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